
HNO. JOSÉ DE JESÚS LOPEZ GALVÁN
HERMANO AGUSTÍN VÍCTOR
*25 II 1914 +7 XI 1994
“No es fácil entender lo que es la esperanza.
Se dice que es la más humilde de las virtudes,
porque se esconde en la vida”.
Fiel a la palabra dada.
José de Jesús nace en una familia profundamente cristiana, formada por el Señor José de Jesús López Villaseñor y la Señora María Dolores Galván, hogar que se vio bendecido por Dios con nueve hijos: seis mujeres y tres varones, siendo nuestro Hermano el séptimo de la familia y el primero de los hombres; llegó a ser la alegría del hogar y de sus hermanas mayores, quien vio por primera vez la luz el 25 de febrero de 1914.
Tingüindín fue la tierra que lo vio nacer; hermosa población enclavada en la verde montaña de la región michoacana. La piedad era una de las características de este hogar, donde la devoción a la Santísima Virgen era el centro de su vida, situada su casa a una cuadra de la Parroquia de la Asunción de María, donde la asistencia al Santo Rosario, por la tarde, y a la Bendición del Santísimo, era una práctica cotidiana, como aún en nuestros días se acostumbra en esa bella población.
Siendo la familia López una de las principales de la región, tanto por su raigambre, como por su situación económica, ya que poseían campos de cultivo y ganado lechero, que les permitían una vida sin preocupaciones económicas; el Hermano Salvador Pérez contaba que, cuando era él niño y la situación de su familia se volvió muy precaria, los papás de José de Jesús ayudaron a su mamá, ya viuda, y él mismo, muy seguido, era huésped de ese hogar, a la hora de las comidas, con lo que nos da entender que eran personas muy caritativas.
José de Jesús fue alumno de la escuela del maestro Antonio Romero, profesor que ayudó mucho a los Hermanos Reclutadores en la búsqueda y seguimiento de jovencitos, con inquietud vocacional. Fue el Hermano Emilio quien, conociendo las buenas disposiciones de José de Jesús lo llevó a Tacubaya, el 21 de enero de 1928, junto con Salvador Pérez y otros muchachos. José de Jesús fue enviado a Cuba el 4 de febrero de 1929 y, antes tuvo que conseguir el permiso de sus padres para seguir su formación en la Perla de las Antillas, y así cumpliera, con su objetivo de llegar a ser Hermano; Jesús vivió casi año y medio, como Novicio Menor, en la finca de Guatao, en Cuba.
Tras el cierre del Noviciado Menor de San Borja en 1926, esta casa no moriría, ya que los Hermanos Superiores y muy especialmente el Hermano Nymphas Emile insistieron en la fundación de Noviciado Menor de Tacubaya, bajo la protección del Gran San José y de Nuestra Señora de los Dolores; fue un hecho arriesgado pues la persecución continuaba, no se había realizado todavía los tratados entre la Iglesia y el Estado. El reclutamiento no se abandonó, desde 1926, en los inicios de la persecución religiosa por la guerra cristera el Hermano Emilio visitaba diferentes poblaciones y reunía a jovencitos que tenía una cierta inclinación a la vida religiosa; entre las poblaciones visitadas era Tinguindín.

De regreso a la Patria, precisamente, fue a la finca de Los Amores, para iniciar la siguiente etapa de su formación: el Postulantado y, unos meses después, su Noviciado. Era el año de 1930. Entre sus compañeros se encontraban Hermanos muy notables, como el Hermano Víctor Bertrand, Juan del Castillo, Ismael Huerta, Salvador Pérez, Alfonso Sanabria y José Sánchez. Comenzaron su Postulantado el 26 de agosto de 1930, algunos de ellos, y otros, unos días después, pues venían de Cuba. La mayoría de ellos tomó el Santo Hábito el 10 de diciembre de ese mismo año; el Hermano Jesús López lo recibió el 1° de febrero de 1931, pues aún no cumplía sus 16 años, edad requerida para revestir la librea Lasallista y comenzar a ser el Hermano Agustín Víctor. Su director de Noviciado fue el Hermano Benildo Justino, hombre sabio y prudente, que sabía ser amable en su exigencia y gran formador. Este Hermano era auxiliado por el Hermano Bernabé María; sin dudarlo, a estos Hermanos, igual que al Hermano Cesáreo, se les puede dar el calificativo de grandes formadores, por la forma como impulsaron la formación del carácter y de la conciencia de los jóvenes que pasaron por sus manos. Esta etapa de la vida del Hermano Jesús fue una vida de catacumbas, ya que tenían que esconder sus hábitos religiosos, los libros de oraciones, o de lectura espiritual, y todo aquello que, en una inspección oficial les hiciera sospechar que eran “seminaristas” o algo parecido.
Terminado el Noviciado, el 2 de febrero de 1932, emite su primera profesión e inicia su Escolasticado, en la misma finca de Los Amores, bajo la dirección del docto Hermano Cesáreo Boillot, hombre profundamente religioso, de larga experiencia pedagógica, erudito, con un Doctorado en Pedagogía, de la Universidad de la Habana, quien marcó con su atrayente personalidad a muchos Hermanos jóvenes que pasaron por sus manos. El Hermano José de Jesús solo estuvo dos años en esta casa.

1933 marcó el inicio de su larga y fecunda carrera como educador; es en el Colegio La Salle de Belisario Domínguez 5, donde
debuta como novel maestro, únicamente un curso escolar, ya que el año siguiente lo encontramos entre los Hermanos de la Academia Comercial Motolinía, que había abierto sus puertas en 1933. El Hermano Jesús López llega con otros seis Hermanos, dando un total de 13, ya que el alumnado había crecido notablemente, pero se tuvo la necesidad de la vida comunitaria, teniendo que tomar el descanso nocturno en tres casas particulares; al Hermano Jesús le tocó dormir en la casa del futuro Hermano Jorge García Abaroa. En esos años, se vivieron muchas aventuras, según contaba el Hermano José Sánchez, miembro de esa misma comunidad y compañero del Hermano Jesús; muchas veces, cuando se recibía algún aviso de inspección, los grupos de primaria eran llevados a los sembradíos cercanos, para disimular su existencia, así como otra serie de peripecias, vividas con amor y alegría… Las limitaciones eran grandes: para el recreo se usaba la antigua cocina pero, muy pronto, el miedo del dueño del edificio, de una posible incautación, hace que se abandone la primera casa pero, como el alumnado crecía, la Academia Comercial funcionó en dos casas y, con el tiempo se convertiría en Colegio Benavente en la calle de 5 de mayo.
El Distrito era Antillas México, así que un buen número de Hermanos mexicanos eran enviados a Cuba como maestros, y fue así como el Hermano Jesús vuelve a Cuba, de 1935 a 1939, esta vez como profesor del Colegio de La Salle del Vedado; si fue enviado al Colegio del Vedado quiere decir que los superiores lo consideraban como un excelente maestro, ya que el Hemano Visitador escogía a Hermanos competentes y exitosos para que fueran maestros de esta escuela, que era el “colegio modelo” de los Hermanos en la isla de Cuba. En ese tiempo había un grupo bastante numeroso de Hermanos mexicanos y él platicaba, con gusto y cierta nostalgia, de los paseos semanales a La Finca, sobre todo las aventuras con el Hermano Cortés y cómo hacían guardaditos de fruta para la semana… y un poco la rivalidad con algunos de los Hermanos franceses y la presencia del célebre “Hermano Pro”, que montado en su caballo blanco, para supervisar La Finca y las tareas de cultivo asignadas a los Hermanos, en su día de descanso.
Aunque muchas veces era poco comunicativo, en general, si le gustaba contar muchas historias sobre esos días de descanso semanal, algunas historias sobre los Hermanos franceses que, habiendo estado en la gran guerra de 1914-1918 fumaban y, desde una loma a otra se preguntaban “Vous en avez?, Oui, nous en avons!”, expresión sin sujeto, para decir que sí tenían tabaco y, según esos Hermanos, los Hermanos mexicanos no entenderían que tenían tabaco…
En la Perla de las Antillas, en la ciudad de Santiago de Cuba y, después de unos ejercicios espirituales de treinta días, hace fervorosamente su Profesión Perpetua el 15 de julio de 1939. El Hermano Jesús, plasmó el ideal de su vida en cumplir con la palabra dada al Señor al, consagrarse en la vida religiosa. “Perseverar… perseverar… cueste lo que cueste” y, lo cumplió hasta el fin. Un Hermano cuenta que, un día, regresando del Salto de San Luis, él le comentó lo que le había dicho su papá: “Entraste de Hermano, jamás te vayas a salir” y, él le prometió a su papá: “que nunca se saldría de Hermano” [1]y, lo cumplió.
De regreso a la patria:
Después de su consagración para toda su vida, regresa a la querida patria. Ya hay una nueva organización de las escuelas de la capital, el clima general es de tolerancia, lo que da un florecimiento de estas obras; dos colegios se habían establecido el añ0 de 1938, el Cristóbal Colón, en la colonia San Rafael y el Simón Bolívar, en Mixcoac; nuestro Hermano es destinado al Colegio Cristóbal Colón; se requieren títulos académicos, por lo cual se inscribe en la UNAM, en la facultad de Filosofía y Letras, para obtener su licencia en Literatura; terminados sus estudios no logra titularse, hecho que le causará un sentimiento de frustración y un dolor y encono contra los superiores pues, decían algunos de ellos, que no se les permitía titularse para que no se salieran… Parece ser cierta esta afirmación, según el testimonio que dejó el Hermano Alcimo María, al abrirse la Normal Cristóbal Colón, haciendo alusión a esta política y dice: “Sigan adelante con los exámenes oficiales. Pienso que esto no alocará a los Hermanos mexicanos y no los hará soñar en la enseñanza oficial”[2]. Esta política, ciertamente, hirió mucho al Hermano Jesús y lo dejó con un cierto complejo de frustración, que más tarde lo impulsará a retomar el camino de la universidad y estudiar, ya siendo de la tercera edad.
1939-1943. En el Colegio Cristóbal Colón, en la Cd. de México, se desempeñó como profesor, en los grupos de 6º. de Primaria, 1º. y 2º. de Secundaria, por un período de 4 años; el Colegio Cristóbal Colón, desde su inicio, fue como el colegio insignia de los Hermanos; contaba con una comunidad cercana a los cuarenta Hermanos y una gran seriedad en los estudios. La comunidad en sí misma era de gran riqueza, por la calidad de las personas que la formaban, su sabiduría, su entrega como religiosos y, muchos de ellos por su gran experiencia pedagógica.
La antigua Villa de Santiago, de Saltillo
1943. El Colegio Ignacio Zaragoza se había fundado uno seis años antes. 1937 recibe nuevamente a los educadores Lasallistas, ya no en el Asilo ni en la Escuela del Hermano Nilo; la nueva obra se funda como Academia Comercial Nicolás Bravo, por las dificultades de incorporación, pero pronto se abrirán nuevas puertas y, a los tres años, al abrirse la Secundaria, cambia de nombre. Es esta institución que recibe al Hermano Jesús López, él cual, durante seis años fue maestro de secundaria, impartiendo las clases de Historia y Español. En esta época supo hacer grandes amistades con los Hermanos de la comunidad y la estrechez económica en que se vivía, como que les unió más; esas amistades perduraron hasta el fin de sus días.

Los Hermanos de esa época, gracias a su dedicación, a su calidad humana y a su preparación académica, pusieron muy en alto el prestigio del Colegio Zaragoza –que así fue nombrado- lo cual le permitió crecer, no como se hubiera deseado, ya que estaban en el local del Asilo de la Inmaculada de 1907; se necesitaban nuevas instalaciones, la sociedad lo vislumbraba también y hubo un ofrecimiento que se veía con buenos ojos, pero ya en la realidad era muy difícil poder responder al reto que implicaba.

Le tocó vivir la ilusión de la creación de un Colegio Ignacio Zaragoza moderno que, para ello, un bienhechor entregaba 100 000 metros cuadrados y, el Señor Obispo, a la cabeza que, en colaboración con los padres de familia construirían el edificio y lo entregarían a los Hermanos, ya amueblado, con la única condición de sostener una escuela gratuita de 4oo alumnos. A los superiores esto les pareció un gran compromiso, imposible de sostener y no se concretizó el proyecto. La comunidad de Hermanos, ciertamente, sufrió desilusión al ver sus esperanzas por el suelo.
Le tocó vivir la ilusión de la creación de un Colegio I Zaragoza moderno, para ello un bienhechor entregaba 100 000 metros cuadrados y el Señor Obispo a la cabeza y los padres de familia construirían el edificio y lo entregarían a los Hermanos ya amueblado, sólo había una condición que era sostener una escuela gratuita de 400 alumnos; a los superiores este les pareció un gran compromiso imposible de sostener y no se realizó, la comunidad de Hermanos, ciertamente, sufrió desilusión al ver sus esperanzas por el suelo.

Puebla de los Ángeles:
1949 a 1955. Puebla lo recibe nuevamente entre su personal docente y como profesor de 2º y 3º de Secundaria; ahora ya no será la Academia Motolinía, sino el flamante Colegio Benavente, recién construido por el Hermano Benito Masard y animado por una comunidad muy activa, formada por excelentes y notables Hermanos. El Hermano Jesús fue elemento activo en el florecimiento del nuevo Benavente y maestro destacado por su saber, además de ser un entusiasta deportista y buen elemento en el campismo y las ascensiones a las nieves eternas. Cinco años y medio estuvo en la señorial Puebla de los Ángeles.
Cuenta un Hermano de ese tiempo, que los juegos de futbol inter-salones, lo apasionaban mucho y, cuando perdía su salón, arremetía contra el Hermano titular del salón que le había ganado, siempre alegando que le habían hecho trampa, o que el árbitro estaba coludido con el Hermano del salón ganador y, algunas veces hasta negaba la palabra al Hermano que era titular del salón que le había ganado, pero una vez pasada la tempestad, él, humildemente, pedía perdón al Hermano por su falta de delicadeza

En clase era exigente y le gustaba ganar en todo, así que exigía buenos resultados a sus alumnos en cualquier competencia académica que tuviera, de no ser así se disgustaba mucho y sacaba a relucir su fuerte carácter.
El deportista
Hay que desatacar que el Hermano Jesús era un gran deportista, que jugaba muy bien, aun cuando sobrepasaba los sesenta años y le ponía pasión y gran entrega; apasionado a morir por el fútbol.
En cuanto a equipos de primera división, para él sólo existía el Guadalajara y, lo que no fuera Chivas, no servía para nada. Su apasionamiento, en cierta forma lo cegaba y, quien no le iba al Guadalajara, estaba mal, y no sabía nada de futbol; era terrible con quien se atreviera a contradecir sus opiniones, con respecto al equipo de las Chivas. Había equipos que, si otro Hermano los alababa, hacía de cuenta que decía una herejía o una maldición y, el enojo de Don Jesús se hacía patente. No se perdía ningún partido, sabía el nombre de los jugadores, hablaba de los mejores partidos, era irreconciliable con árbitros que habían tratado mal al Guadalajara, hablaba de los partidos con pasión inusitada; los alumnos, sabiendo tal debilidad, se gozaban en contradecirlo, con lo cual podían interrumpir cualquiera de sus clases, con el riesgo de tener malos entendidos con él.
Este apasionamiento se mostraba, igualmente, con algunos temas de Historia, el principal era Benito Juárez; tema que era muy polémico y que los alumnos aprovechaban para tocarlo, alabando la figura de don Benito Juárez, del cual nuestro Hermano era acérrimo enemigo y, con datos y hechos históricos, manejados a su modo, les demostraba que había sido un presidente nefasto, que sus leyes y ordenanzas traicionaban a la Patria etc… A los alumnos les gustaba intercalar alguna pregunta sobre este personaje y tenían la certeza que la clase se interrumpía, y con eso no les dejaría mucha tarea.
Región Lagunera:
1955. La fértil Región Lagunera fue su campo de trabajo durante quince años, en el Instituto Francés de la Laguna, donde impartió clases de Historia y de Literatura, en la preparatoria de esta institución, al mismo tiempo que colaboraba en el cultivo de los campos agrícolas que esta escuela tenía pero, sobre todo, bajo su responsabilidad estaba el establo, que fue su campo de trabajo; le gustaba y conocía de animales y sabía hacerlos producir.
A su llega a Gómez Palacio, encuentra una institución en pleno crecimiento y con grandes logros académicos, artísticos, deportivos y, pronto, nuevos edificios… La comunidad religiosa era una gran comunidad de 18 Hermanos, que se encargaban de las tres secciones de la escuela y del Internado; el Hermano Jesús supo encontrar en esta comunidad muy selectas amistades, con las que creó lazos profundos, como fueron los Hermanos Aniceto Villalba, director, José Cervantes, inspector, Nacho Navarro y algunos más, con los que tuvo relaciones de fraternidad, como el Hermano Alfredo Sánchez Navarrete, Ernesto Saucedo…etc.
Como maestro era brillante en su exposición, tenía una buena disciplina en su clase y los jóvenes correspondían a su dedicación, con un buen estudio. Sus exámenes semestrales los hacía por medio de temas, que se colocaban en un ánfora y cada alumno escogía tres para desarrollar dos; todo el contenido del semestre estaba distribuido en esta serie de temas que, como técnica de estudio había que desarrollar, para estar preparado para el que le tocara. Los exámenes semestrales se presentaban en el gran corredor de la parte baja del internado y había muchos maestros vigilando; una vez terminado el examen se entregaba y, días después, se tenían las calificaciones y, si se pedía revisión, se encontraban con un examen meticulosamente calificado, en el cual se señalaban las faltas de ortografía y los errores de redacción, así como el contenido de las respuestas.
Un hecho importante para la vida del Hermano Jesús fue haber participado en la Peregrinación Mariana a Lourdes y haber conocido algunas ciudades europeas. En este viaje, organizado por el Hermano José Cervantes, siempre le estuvo muy agradecido y, al oír la platicar de su viaje se notaba que lo había gozado mucho, aunque la actitud de algunos alumnos le molestaba.
Durante estos años, los Hermanos recuerdan algunos acontecimientos chuscos. Un día, en el comedor, desde la mesa de los superiores escuchó que algunos Hermanos hablaban del Toluco López y, que López por acá o por allá, entonces bajó de la mesa y fue a preguntar, ya algo disgustado: ¿Y, ustedes, a qué López se refieren? Entonces, rápidamente le contestaron: Nosotros, al Toluco López… al Toluco y, ¿usted, a quién?… ellos se referían a un boxeador afamado de esos tiempos…[1]
Hubo un acontecimiento, que sucedía con frecuencia y lo llamaban: “La fuga de López”. ¡El Hermano Javier Velázquez, Chetis, era buen organista, y durante la Eucaristía diaria acompañaba los cantos de la capilla; después de la comunión tocaba suavemente alguna pieza clásica, bien fuera religiosa o profana, pero cuando tocaba Traumerei de R. Schumann, el Hermano Jesús, invariablemente salía, prácticamente corriendo… los Hermanos, que nada perdonan, le llamaron: la “Fuga de López”
Otra anécdota de esos tiempos fue que, un día fue a votar y, quienes atendían a las personas, en la casilla, vieron que era de Tingüindin e hicieron mofa del nombre, diciendo Tin…güin…din, entonces él les hizo mofa de Cuen-ca-meee… y, haciendo una entonación espacial de la voz dijo: CUENCAMÉ, donde la cuenca mea…
Siempre hubo Hermanos que aprovechaban cualquier cosa del Hermano para hacer bromas… usaba una camioneta verde y, uno de ellos, cuando la veía salir, gritaba saaleee… la verde, para decir que el Señor López salía… cosa que hacía seguido, para atender cosas de la granja o del establo, que el Instituto Francés la Laguna tenía en sus, entonces, grandes campos de cultivo.
Cuando se decidió dejar estas actividades agropecuarias en el Instituto Francés de la Laguna, el Hermano Jesús quedó sin ese trabajo.
Los Superiores, con el fin de tener una entrada económica para el Distrito, se funda el Rancho de “La Loma”, cercano a los Puentes Cuates y ahí se trasladan todos los animales que tenía el colegio, menos los gallineros, que quedan bajo el cuidado del Hermano Cesáreo Boillot. Esta obra requería establecer una comunidad de cuatro Hermanos para atenderlo. Ellos fueron: el Hermano Aniceto Villalba, como director, el Hermano Jesús López y el Hermano Bautista Roberto, para los establos y los viñedos y el Hermano Boillot, que permaneció en la casa de la comunidad, llamada popularmente como “La Cueva” que, además, era la casa Provincial, en tiempos del Hermano Visitador, Víctor Bertrand.
La Loma fue un bello sueño distrital; se pensó en un rancho que permitiera obtener fondos para el sostenimiento de las casas de formación; la intención era muy buena, el trabajo y la entrega de los Hermanos, incuestionable, pero los resultados no fueron los esperados, quizá se olvidó que en el campo hay que tener los pies bien fincados en el suelo, los ojos en el cielo y las manos en los arados, y que así como hay años que el campo es muy generoso, otros, mal se sostiene… El Hermano Jesús sólo estuvo tres años, pues su estancia se terminó en 1969, con el cambio a Monterrey.
La preparatoria del Instituto Regiomontano, que un año antes se había integrado a la naciente Universidad de Monterrey, lo recibe como maestro de Literatura e Historia; pronto se inscribe él mismo en la Universidad, para retomar sus estudios inconclusos de años atrás. Día con día y, tarde tras tarde, se dirigía al Colegio Labastida, para estudiar su licenciatura en Letras, a la que se entregó plenamente a su estudio, obteniendo excelentes resultados. Hay que hacer notar que, aunque tenía muchos conocimientos, nunca quiso revalidar ninguna materia; al final de su carrera fue el mejor promedio de su generación, lo que le valió un reconocimiento por parte de la Presidencia de la República y un viaje a Europa, que aprovechó para participar, como aficionado, al mundial de fútbol de Alemania y visitar algunos lugares culturales del viejo mundo.
Una de sus motivaciones como estudiante fue demostrar que, la edad no era ningún impedimento para la superación y el logro; sus alumnos y los propios Hermanos se lo agradecimos, ya que fue un ejemplo de superación, constancia y logro.
En la Perla Tapatía
La última etapa de su vida, como maestro, la vivió como profesor de la Preparatoria del Colegio Febres Cordero, durante seis años y con esto cerraba un ciclo de cincuenta y ocho años como maestro, ya que nunca ejerció puestos directivos. El Hermano Jesús fue un maestro competente, sus clases eran expuestas con claridad, sus conceptos eran precisos y en su exigencia era duro, pero sus calificaciones eran justas; hombre de disciplina, que siempre la impuso en sus cursos y supo formar en sus alumnos la noción justa de la historia y el placer de saborear una obra de literatura de valor.
El Distrito tenía en Guadalajara una huerta de guayabas, en la que en un tiempo se pensó construir el Aspirantado y, al no realizarse, le tocó al Hermano Jesús administrar esa propiedad y tratar de hacerla productiva; también tenía a su cargo unos terrenos, en los cuales se hicieron campos de fútbol, para uso de los alumnos, pero también se rentaron a una liga profesional amateur de la ciudad; este trabajo lo realizó durante ocho largos años, pero la ambición, por parte de los dirigentes de la liga aparecieron y, pronto se tuvieron problemas, al grado de querer quedarse la liga con la propiedad de los campos y el Hermano buscó la forma de resolver el problema pero, como era muy irascible y difícilmente se controlaba, amenazó y recibió amenazas, al grado de tener que sacarlo de emergencia de la ciudad, pues lo habían amenazado de muerte, hecho que le regresó a Monterrey.
Nuevamente a la sombra del Cerro de la Silla:
En los últimos años de su vida se dedicó a ayudar en algunas cosas administrativas; tenía hermosa letra y hacía diplomas para el fin de curso, aunque nunca le gustaba que supieran que él los había hecho, igualmente, ordenaba los bonos de despensa de todo el personal del Colegio, visitaba a algunos exalumnos de cuando estuvo como maestro y se divertía viendo partidos de fútbol.

Dentro de su austeridad, fue siempre muy cariñoso y cercano a sus familiares, a los cuales visitaba cada año y, los que tenía en Monterrey, recibían varias veces al mes sus visitas, pero siempre fue muy discreto en ello; se interesaba por sus hermanas y sus sobrinos, tanto los que vivían en la ciudad de México, Guadalajara y en su natal Tingüindín.
Fue un hombre que no quería aparecer para nada, ni dar molestias, sabía muy bien de su carácter, ríspido en momentos y evitaba el trato con alguno de los Hermanos mayores con los que había tenido alguna diferencia.
Era un Hermano al que no le gustaba figurar, para nada, es muy difícil encontrar fotografías de él, con algún grupo de Hermanos, o bien sólo en alguna actividad.
El fin de la jornada:
“Me esperas cada día. Siempre vienes, no cesas de llegar desde el silencio… No me doy cuenta de que Tú estás ahí, de que esta hora es otra vez tu cita. No distingo tu llamada… en esta noche tú vendrás; Tú nunca dejarás de llegar”.
Unos días antes de morir se sintió mal, era asmático, sí se cuidaba, pero para él era muy importante no molestar; la noche anterior a su fallecimiento, uno de los Hermanos le ofreció llevarlo al médico, o bien, hospitalizarlo, pues su respiración se veía que le era muy difícil, se negó, diciendo que tenía el Ventolín y que con eso estaba bien; se fue a dormir y, durante la noche, se supone que varias veces usó esa medicina, pero en una de esas no la alcanzó, pues la encontraron tirada en el suelo y, al Hermano, muerto, sobre la cama. Murió en soledad; era el 7 de noviembre de 1994, a la edad de 80 años.
Su velorio se realizó en la casa de los Hermanos y asistieron algunos parientes suyos, bastantes exalumnos y amigos personales de él, además de los Hermanos de las comunidades de Monterrey. Murió como vivió: silenciosamente, sin hacer ruido, en paz, por la que había luchado toda su vida, pues su carácter fuerte era motivo de guerra, pero la madurez le fue dando la serenidad del hombre que ve las cosas en su justo medio y supo escoger lo mejor y lo trascendente: Al Señor Jesús como, rey de su vida.
Fue un Hermano piadoso, con una piedad muy viril y poco expresiva; por las mañanas se le encontraba hincado en un rincón de la capilla, fiel a su Eucaristía diaria; le era muy difícil perdonar cuando alguien lo había ofendido o contrariado, pero, sí lo hacía… Por su franqueza y su rectitud, el Hermano José de Jesús López fue un modelo de hombre, de carácter fuerte, religioso que gustaba de la sinceridad, la rectitud y la franqueza, siendo el ideal de su vida cumplir con la palabra dada al Señor, al consagrarse en la vida religiosa y, supo superar muchas dificultades que encontró en su diario vivir.
H. Juan Ignacio Alba Ornelas

