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HNO. JUAN FRANCISCO BARBA ARÁMBULA
(HERMANO ÁNGEL FRANCISCO)
* 10 VIII 1935         + 2 IX 2015

“Manos que trabajan corazones que aman”, es el lema que sustenta el escudo de la tierra que vio nacer al Hermano Pancho.

San Ignacio Cerro Gordo se encuentra enmarcado en el centro de la región alteña de Jalisco, en las faldas del llamado Cerro Gordo, de donde toma parte de su nombre. Tierra roja, llena de agave azul, el tequilero, campos sembrados de maizales y praderas de pastoreo de ovejas y ganado vacuno. San Ignacio se llamó la Hacienda de la Trasquila, por los grandes rebaños de ovejas que allí había.

Juan Francisco Barba Arámbula nace el 10 de agosto de 1935 y sus padres fueron Francisco Barba Contreras y María del Refugio Arámbula de la Torre. El patio de su casa y la mesa familiar se vio adornada con 7 hijos: Ricarda, más tarde religiosa de las Siervas de Jesús Sacramentado, Mercedes, Emilio y Margarita, fallecidos a temprana edad, Beatriz, María de Refugio y Pancho, que fue el benjamín. En ese bello hogar donde el nombre de Dios era respetado y donde la devoción a María Santísima era patente, florecieron dos vocaciones religiosas, la mayor y el menor de los hijos se consagraron al Señor; San Ignacio fue tierra de mártires cristeros, esas tierras rojas se tiñeron de sangre generosa que al grito de “Viva Cristo Rey”, la ofrendaron[1].

La casa familiar se encuentra enfrente de la Plaza principal y a unos pasos de la pintoresca iglesia Parroquial de San Ignacio de Loyola. Su casa tenía una parte que era empleada como hospedería y un gran corral para los animales, que le llamaban el Mesón. Su padre era agricultor y ganadero, tenía varias hectáreas de agave azul, además de los cultivos tradicionales de maíz, frijol, calabaza y las tierras de pastoreo.

Momentos de prueba y dificultad:

Fue un tiempo en que aún las represiones por parte del gobierno federal eran frecuentes; una de esas formas de venganza fueron las llamadas ‘reconcentraciones’, que era una manera, por parte del gobierno, de tomarse revancha por las insurrecciones del tiempo de la Guerra Cristera, de la década anterior. La concentración era una forma de represalias salvajes, que se dieron, principalmente, en Ocotlán, La Barca, Atotonilco, San Julián y San Ignacio y fueron descritas como reino de terror. En esta región de Los Altos, los pobres habitantes de estas poblaciones fueron trasladados, por el gobierno, a campos de concentración, por el solo hecho de haberse distinguido en la lucha cristera o porque se habían levantado en armas.  Se tenía la costumbre de llevarse a la gente de la población, prácticamente con lo que tenían puesto, a otras poblaciones y confinarlas a que sobrevivieran como Dios les daba a entender.

Don Francisco, su papá, cuando había concentraciones o lucha, optaba por irse a los Estados Unidos y enviar desde allá el sustento. A Pancho le tocó, de niño, una concentración y, él, su mamá, y sus hermanas fueron enviados a la concentración y  les tocó vivir esta experiencia en Atotonilco.  Al estar su papá en Estados Unidos, sus abuelos se habían quedado en San Ignacio, entonces toda la familia se pusieron a trabajar en un puesto de ollas, jarros y comales de barro; fue un tiempo en que la situación económica fue apremiante para todos en la familia.

Pancho fue un niño alegre, risueño, rubio, como todo buen alteño, que algo tienen de raíces españolas, muy dedicado a su escuela y a ayudar y participar en las labores del campo, del cultivo de flores, afición que se llevará hasta su muerte.

 Era sumamente travieso. Cuenta su hermana que, un día, su abuelita lo mandó a su casa con dos kilos de masa y, él, por su cuenta le dijo a su mamá que su abuelita lo mandaba para que hiciera tortillas, la pobre señora se atareó y he aquí que llega la abuelita y le dice que la masa era para los cerdos, pero ya por iniciativa de Pancholín su mamá había hecho todas las tortillas, teniendo que descuidar otras obligaciones.

Cuentan que era medio reacio a bañarse, pues el agua era fría; un día en que le ordenaron que se bañara y, ya desnudo se negó a ello, tomó un gabán verde que había en casa y se lo puso y se fue a la calle; su mamá tuvo que pedirle al policía que lo regresara a casa, con la consigna de que si no obedecía se lo llevarían a la cárcel; después de batallar con él, por fin obedeció, pidiéndole a su hermana que le tallara los pies y las piernas.

Un día llamó su papá a sus tres hermanas: Ricarda, Marcela y Mercedes, cuando Pancholín era pequeño y les dijo muy serio, que no lo sobreprotegieran, no fuera a ser que se convirtiera en afeminado, sino que lo trataran con energía; después, ellas mismas dijeron: creo que se nos pasó la mano, pues fue siempre muy rudo y, a la vez bondadoso[2].

Era el nieto preferido de su abuelita, y en el patio de la casa, entre muchos árboles que había, ella guardaba todos los frutos de un durazno y de una higuera, para Pancho, que por ese entonces ya había entrado con los Hermanos, pero como él iba rara vez, esas frutas se echaban a perder, pues eran para Pancho, ya que en aquel entonces no les era permitido ir, sino muy rara vez a la casa.

Una vez ya fallecidos sus padres, su casa paterna se vendió, con gran tristeza de todos, pues había quedado en la familia, pero en un problema económico la vendieron. El Rancho fue repartido entre todos los miembros de la familia pero, un sobrino tuvo la buena idea de comprar las partes de cada uno y que el rancho permaneciera en la familia. El Hermano Pancho lo gozó mucho en sus últimos 20 años, durante las Semanas Santas, ya que llegaba el miércoles por la tarde y hacia revolución entre todos, por el cariño que les expresaba, por las relaciones con los más chicos, a los cuales les contaba chistes, les explicaba y contaba historias; eran momentos de gran fraternidad y alegría.

Le encantaba pasar la Semana Santa en el rancho, y aprovechaba para jugar con los sobrinos más chicos, caminar por los campos y, cada noche compartir con sus hermanas y cuñados.

Entrada al Instituto

El Hermano Ángel Gálvez visitaba con frecuencia la región de los Altos de Jalisco, sobre todo Arandas y Atotonilco, dos ciudades donde se pensaba poner colegios Lasallistas, además de San Juan de los Lagos, con el fin de buscar niños y jóvenes que aceptaran la invitación de ser religiosos. El Hermano visitó a la Familia Barba y ellos aceptaron que Juan Francisco entrara al Noviciado Menor de Tlalpan, “era el año de 1948 cuando inició a estudiar el sexto de Primaria, destacando por su inteligencia y empeño”[3]; la comunidad formadora estaba formada por diez Hermanos, a cuya cabeza estaba el Hermano Víctor Bertrand, que más tarde fue remplazado por el Hermano Luis Lozano Bernal.

Juan Francisco fue un excelente alumno. Uno de sus compañeros mayores atestigua que era el Novicio Menor que siempre obtenía 100 en sus calificaciones y era imposible de alcanzar en el juego de la “bandera”[4]. Dos materias le encantaban: La Botánica, impartida por el Hermano Polito y las Matemáticas, impartidas por el Hermano Director; de la primera realizó un cuaderno con gran número de preguntas y respuestas sobre todas las clases que impartió el Hermano Polito.

Sus primeros días en el Noviciado Menor fueron pesados y la añoranza de su familia se le hizo presente; algunas tardes y noches lloraba. Un Hermano recuerda bien que muchas veces lo animó, diciéndole que pronto se le pasaría ese momento en que los extrañaba y, que muy pronto se adaptaría a la vida del Noviciado Menor, cosa que así fue[5].

De carácter alegre, comunicativo, participaba con entusiasmo en las diversas actividades de juego, paseos y deportes.

Cada jueves se tenía el paseo semanal a diferentes lugares: Los Arenales, El Ajusco, El Xitle, Valle de Águilas, etc. hicieron que el niño Pancho, de pequeña estatura, desarrollara una fuerte complexión física y creciera hasta ser una persona de muy buena presencia. Al final de tercero de secundaria se hacía una excursión al Popocatépetl, conquista fácil para Pancho y, de ahí en adelante tendría el gusto por las excursiones y por alcanzar las cumbres de las montañas.

25 de noviembre de 1951. Con dieciséis años, inicia la segunda etapa de su formación: en Postulantado, tiempo de preparación para su Toma de Hábito, que se realizó el 25 de enero de 1952, recibiendo el nombre de Hermano Ángel Francisco, junto con otros 14 compañeros mexicanos y cuatro cubanos, haciendo un grupo de 18 novicios.

El Hermano Director era un Hermano francés, que ya pasaba los sesenta años, hombre de gran experiencia, ya que había sido Visitador diez años, y era ayudado por el Hermano Subdirector, Javier Bordes Vértiz.

Al concluir el primer año de Noviciado el Hermano Ángel Francisco y otros Hermanos fueron escogidos para iniciar la experiencia de dos años de Noviciado[6].

Terminado el tiempo de Noviciado, el 26 de enero de 1954 hizo sus primeros votos y pasa a la Quinta de los Olivos para su Escolasticado, cuyo director era el Hermano Miguel Martínez Cervantes. Inició sus estudios de Maestro de Primaria en la Normal Cristóbal Colón, que entonces funcionaba en los locales del Colegio Cristóbal Colón, en Sadi Carnot; por las tardes estudió su Preparatoria en el mismo colegio, con otros tres Hermanos; esto implicaba  ir y venir, todos los días, hasta Coyoacán, aprovechar el tiempo el tiempo de los traslados para estudiar, hacer lectura espiritual y rezar. En esta etapa realiza también su Servicio Militar.

Vida apostólica:

Inicia su labor docente en la ciudad de León Guanajuato, a donde llegó  prestado; era unos meses de prácticas que tenían los Hermanos, siendo aún escolásticos.

El Colegio Regis contó por primera vez con una comunidad de Hermanos en 1955. En septiembre de 1956 es enviado al Colegio Regis, de Hermosillo, como profesor de Matemáticas en la Secundaria. Nunca fue profesor de Primaria. Su estancia en la capital de Sonora fue de ocho cursos escolares y, estando en esta ciudad le tocó la División de Distrito. Fue un feliz regreso a la Capital y a un fraterno encuentro con los Hermanos con los cuales convivió.

En 1960, el 25 de julio, hace su Profesión Perpetua, en Gómez Palacio Durango. En esas fechas recibió una carta de su mamá, que le decía: “Ángel Francisco. Mi querido hijo: Estoy haciendo comuniones muy especialmente por ti, para que Dios te de la paz en tu alma, cuando hagas tus Votos Perpetuos, si es que tu vocación te llama a cumplir lo que tanto tiempo has pensado.

Ojalá y, un día, en el cielo, agradecidos con Dios, nos demos los parabienes. Ya no podemos desear más; que Dios te haga un santo y, en este mundo toda la felicidad, que consiste en tranquilidad de conciencia, caminando siempre por el camino de la ley”.

Sin más, tu mamá, que te bendice.
Ma. del Refugio Arámbula de Barba 

En su estancia en Hermosillo colaboró ayudando a los prefectos de internos, tanto en vigilancias, como acompañándolos a los paseos semanales; siempre fue alegre y entrón en todo lo que emprendía. Desde su inicio en la labor educativa se mostró un maestro ordenado, con sus clases bien preparadas, explicaciones claras y concisas, tareas bien pensadas y corregidas, exigente en el orden y la disciplina pero, a la vez, cercano a sus alumnos, aunque poco expresivo. Hermosillo fue su primer amor, por haber sido su primer centro de trabajo y apostolado pero, como era poco expresivo, no manifestaba una predilección por esa ciudad.

Instituto Regiomontano:

1964. Lo encontramos en la ciudad de Monterrey, como maestro de Preparatoria del Instituto Regiomontano. En este Colegio deja muchas historias y, a la vez, fue tierra de oportunidades para Pancho: 

Desde los primeros años de Comunidad, el Hermano Pancho estuvo cursando su carrera de Matemáticas, en la Universidad de Coahuila. Terminados los cuatro años de estudio presentó su tesis y obtuvo el grado de Maestría en Matemáticas, con un excelente promedio. 

Oportunidades: El Hermano Visitador, Víctor Bertrand inicia a promover los estudios universitarios en la ciudad de Monterrey, e invita a varios Hermanos a estudiar; tres de ellos estudian Ingeniería Química, en la Universidad de Nuevo León, asistiendo diariamente a clases, durante cuatro años y, en los veranos, durante los meses de julio y agosto cursaban cuatro materias, así los cuatro años.

Tres títulos profesionales alcanzó en su vida: Maestro de Primaria, Licenciatura en Matemáticas y Químico Industrial, además de sus estudios religiosos: Curso Fundamental, que comprendía: Dogma, Culto, Moral, Liturgia, Catequética, Catecismo de Votos, Historia de la Iglesia, etc. y Cursos superiores de Ascética e Escrituraria. Además, tuvo la oportunidad de tener algunos cursos de renovación religiosa como el CEL, en Conocoto, Ecuador, el CREL en Chaclacayo, Perú y un curso en Buenos Aires, Argentina, para Hermanos de más de 55 años. Si bien, para el Hermano eran importantes los temas de estudio que le ofrecían esos cursos, también aprovechaba de los viajes que implicaban para conocer lo más posible de los países a donde iba; con su lema de ‘no tener rumbo’, conoció muchos lugares hermosos y remotos.

Estando en Monterrey se cuenta que las anécdotas con Pancho fueron múltiples, pero solo una fue famosa: “El Pio, o sea el Hermano Enrique Vargas, varias veces tomaba la camioneta del Instituto Regiomontano para sus apostolados, pero sin avisar al H. Director.

Uno de los Hermanos, compañero de comunidad en el Regiomontano, lo recuerda de esta manera: “Era muy recto, no admitía medias tintas y, con él, no se podía jugar a las escondidas. Como compañero de Comunidad era amable, muy cumplido en sus ejercicios espirituales, característica que le era propia, entrón en los juegos dominicales y, sus gritos de alegría se hacían notar; bueno para caminar en los paseos sabatinos. Siendo estudiante y, teniendo exámenes, solo se le veía en los ejercicios espirituales, ya que se aislaba por completo para dedicar el tiempo al estudio” . Otro Hermano que vivió con él lo recuerda como muy exigente con los alumnos; algunos le temían y no lo aceptaban, por lo exigente que era. 

Las clases que impartía eran principalmente Física, Matemáticas y Religión, distinguiéndose como maestro ordenado, exigente en el estudio, en las tareas y en la disciplina.

El Hermano Pancho visto por uno de sus exalumnos de Monterrey:

Uno de sus exalumnos dice lo siguiente: “conocí a mi maestro Barba en el año 1964, en la preparatoria del Instituto Regiomontano. Lo recuerdo de una estatura aprox. 1.74 m, tez clara, buen mozo, siempre muy en línea, recuerdo un traje color verde pálido, con su corbata.

Él impartía las clases de   Matemáticas y Física y, en esos años cursaba su carrera de Ing. Químico, junto con los Hnos. Juan Estudillo y Everardo Márquez: iban por la tarde-noche a tomar sus clases, en la facultad de Química de la Universidad de Nuevo León que, aún no era autónoma. 

El maestro era muy inteligente y lo fue hasta sus últimos momentos. En el aula era estricto, como la mayoría de los Hnos. lasallistas pero, él, para mí,  su actuar era muy original; se disfrutaba mucho su convivencia fuera del aula; un enamorado del excursionismo, con una condición física » a prueba de balas «, físicamente era fuerte, y tenía una característica: » no le tenía miedo a nada «. Recuerdo una anécdota: en una kermese del Regio, le dijeron que un grupito de muchachos, ya mayores de edad, de la Col. Vista Hermosa, estaban dando problemas, a lo que pronto empezó a buscarlos y, por más que le decían algunos de sus alumnos que se los dejara, y ellos les hacían frente, el maestro siguió la búsqueda y, ante la presencia de él, rodeado de varios alumnos, estos vagos decidieron retirarse.

En una ocasión, saliendo del aula al recreo, a un compañero se le ocurrió la gracia de agarrarle las » pompis » a otro, y el maestro Barba lo vio, y le dio una santa patada en el trasero, y no cruzó palabra con el alumno.

El exalumno continúa su relato después de muchos años: Terminé la prepa, me fui a universidad y, a pesar de que le recordaba con mucho cariño, por lo bragado y todo lo demás, le perdí la huella; un día del 2008, fui a la prepa y, el Hno. Director, muy joven, me dio los datos para localizarlo, le hablé a Lagos y, al oír su voz, le reconocí plenamente, fui a verle, le llevé una gorra de su Facultad de Química, usaba bastón, por su pierna lastimada, allí desayunamos, platicamos todo el día, yo estaba incrédulo de poder estar con él, a quien siempre reconocí su valentía, su don de ser gente; paseamos por todo el Noviciado, un amante de las plantas, gusto que compartíamos, me regaló unas podas de higuera; fue una persona muy querida por muchísima gente. 

La segunda vez que fui me invitó a ir a León, para que conociera la otra iglesia Lasalle, además de la de Monterrey; en el camino, en taxi, que por cierto no quiso que yo pagara, me contó la historia de la unión de los lasallistas y los maristas para fundar la UDEM. 

Cuando el dolor y el sufrimiento se hizo presente en mi vida, a raíz del accidente de mi hijo Luis, me apoyé mucho en él, y en la llamada más crítica, le dije que mi hijo estaba muy grave y, me dijo «POR FAVOR, TENGANOS CONFIANZA, AHORITA MISMO JUNTO A MI RAZA, VAMOS A ORAR POR EL». Gracias a DIOS, mi hijo se salvó, seguimos con sus terapias, sigue en silla de ruedas, pero con la ilusión de verle caminar de nuevo. El maestro, con sus palabras de apoyo, fue muy importante para seguir adelante.

Él, muy orgulloso de sus alumnos, de diferentes partes de México, así como en el Noviciado, conocí a los novicios haitianos, me enviaba fotos. Él, quizá en su privacidad se quebraba, pero nunca, a pesar de su precaria salud, no lo vi rajarse, siempre, sus palabras eran muy simpáticas, muy profundas. Me enseñó su título de IQ, le dije, que no sabía que se llamaba también Juan y, me dijo: pues, ni yo, tampoco, hasta que vi el título” .

Otro exalumno que fue muy inquieto, en su época de bachillerato, da el siguiente testimonio: Soy exalumno 59-70 del Instituto Regiomontano, en Monterrey. 

Soy *LASALLISTA* hasta cuando duermo y, lo seguiré siendo; renegué mucho en la etapa de prepa 69-70, pero volvería a seguir con los Hermanos Lasallistas, de repetir el andar en la vida. Tuve muchos Hermanos como maestros y consejeros, pero siempre les tuve respeto.  Al H.  Barba, quizá, hasta miedo, pues era de pocas palabras y rígida disciplina, no había rendija para vacilar con él, aunque te escuchaba y, sus comentarios eran certeros y directos, sin ningún adorno.

Siempre vestía con corbata y, sus zapatos, de color café; le gustaba mucho la ropa gris a oscura, aunque a veces se le veía con algo informal, pero sus zapatos fueron históricos…. yo pienso que todavía los tiene.

Al ver en retrospectiva la influencia de los Hermanos, incluyendo al Profe Barba, creo que somos lo que somos, mucho por la formación que nos dieron, pero también por la disciplina que nos exigían en todo .

Un Hermano, compañero en la secundaria y preparatoria del Instituto Regiomontano, dio el siguiente testimonio: “El Hermano Francisco Barba, puedo decir de él que era un sabio, me tocó vivir con él en la época en que todos los jóvenes Hermanos iban a la Universidad, eran 7 Hermanos estudiantes y, todos terminaron su licenciatura; además de su trabajo por la mañana y la corrección de trabajos y tareas, en la sala de comunidad constituían momentos de alegría y comunicación para todos… de Pancho, solo puedo decir que era muy claridoso y, todo  aquel que no hacía bien lo que pedía, era tratado duramente; por ese lado, tanto alumnos, como Maestros y Hermanos, sabíamos a qué nos ateníamos en el trato con él… 

Después de las comidas o cenas jugábamos billar, con gran regocijo de todos y, los domingos, los grandes partidos de Básquet, que eran a morir… en los paseos y en los momentos de relación no formal era muy alegre y gozaba y, se sentía feliz en los paseos comunitarios” .

Otros campos de trabajo apostólico y enseñanza:

1969. Terminada su carrera universitaria fue enviado a Cd. Obregón, como profesor de la Preparatoria.

Los problemas de salud de sus papás le comienzan a preocupar, aunque en las cartas de su papá no le exige nada, sino que se ve que están totalmente conformes a la voluntad de Dios y apoyan la vocación del Hermano Pancho.

En una carta de octubre 8 de 1965, su papá le comunica sobre su decaimiento de salud: “fui al médico y, siempre me va a operar, pero no ha dicho el día; me está preparando, solo me puso una sonda, que voy traer dos días y, que no es muy peligrosa … tu padre, Francisco Barba C.

El 2 de octubre le escribe: Apreciable hijo, contesto tu carta sin fecha, donde veo que estás bien y, contento, que son mis mejores deseos que estés bien.

Nosotros estamos un poco mejorados de salud, tu mamá esta olvidadiza, ya come un poco más, lo más grave es que tu mamá pierde poco la memoria pero, Dios nos ha de ayudar…

El 3 de mayo de 1969 su papá le escribe una carta llena de cariño y, en ella le señala: En cuanto a nosotros, estamos mejorados, pero no aliviados, yo siento opresión cuando me agito un rato; cuando hace fresco, por las mañanas, me pongo mal… te espera tu mamá, para que la lleves al cine… 

Al año siguiente, al encontrarse muy delicada su mamá y, siendo el hijo único varón, pide a lo Superiores que lo envíen a San Juan de los Lagos, para poder atenderla. Durante dos años se dividió entre la atención a su mamacita y las clases en el Bolonia, hasta la muerte de su mamá; era notable cómo diario hacía el viaje y estaba puntual en sus clases del Colegio, comía con la comunidad y regresaba a San Ignacio Cerro Gordo para atender a su mamá; nunca se perdonó no ir a clases, a menos que la situación de su mamá fuera crítica, pero se las arreglaba para enviar los trabajos que los alumnos tenían que realizar. Al fallecer su mamá es enviado a Ciudad Victoria. 

Colegio José de Escandón, de Ciudad VictoriaCoordinador de Preparatoria

En julio de 1972 Ciudad Victoria lo recibe. Era la primera preparatoria mixta, su trabajo fue bueno, organizó los estudios y motivó la participación deportiva de los alumnos, durante dos años y pronto recibió un nuevo campo de trabajo; quizá le costó un poco la adaptación, pero siempre sabía sacar cosas buenas de situaciones no fáciles.

1974 – 1978 Gómez Palacio, Dgo. IFL

Un largo tiempo de siembra de diez años lo pasó en la Región Lagunera, primero en el Francés de la Laguna, donde fue coordinador y, después en La Salle de Torreón, como profesor de la Preparatoria. Ahí sembró sus conocimientos y supo ganarse los corazones de muchos de sus alumnos, que hasta sus últimos días lo siguieron frecuentando por correo y, algunas veces hacían el viaje para visitar al viejo maestro. 

Llega al Instituto Francés de la Laguna como maestro, tanto de Física como de Química y Matemáticas de la Preparatoria. Un año antes se había fundado la Preparatoria La Salle de Torreón y los Hermanos que daban clase en el Instituto Francés se habían ido a la nueva obra, así que fue muy bienvenido, pues constituyó un refuerzo de gran valía por su saber y su experiencia. 

Pronto se integró a este nuevo campo de trabajo, aunque en la Comunidad hubo dificultades por algunas defecciones de los Hermanos. El Hermano Pancho enfrentó las situaciones difíciles, apoyando siempre a los Superiores y acudiendo a suplir y remediar necesidades.

El choque con los alumnos, por falta de disciplina, casi no existió, pero si por falta de un trabajo eficiente y de calidad, pero al fin las cosas se arreglaban, casi siempre logrando que el alumno mejorara y se superara.

1979 – 1984 Preparatoria La Salle de Torreón. 

La Región Lagunera, la tierra desértica que el trabajo del hombre ha hecho florecer, fue para el Hermano Pancho una tierra fértil donde sembró a manos llenas y, donde se sintió muy realizado y querido por sus alumnos.

Fueron diez años de fecunda labor, cinco años en el Instituto Francés de la Laguna y cinco años en la Preparatoria la Salle de Torreón.

Cuando llegó a la Preparatoria La Salle funcionaba en los locales del Seminario diocesano; al año siguiente le tocó el cambio a su sitio definitivo. Con mucho entusiasmo ayudó al cambio y se dedicó con esmero y empeño en iniciar los jardines y plantar los árboles, que ahora son frondosos olivos.

Aquí sembró abundantemente y tocó los corazones de sus alumnos, tenía una cáscara ruda, cual cacto del desierto, en algunos momentos, siguiendo la comparación del cacto era espinoso, y difícil de llegarle, pero era cáscara pedagógica en el fondo tenía una gran sensibilidad para lograr una formación cristiana, intelectual y moral en sus alumnos. 

En la Preparatoria de Torreón se interesó en la catequesis que impartían los alumnos, en las colonias de Gómez Palacio; participó como segundo en encuentros juveniles y pastoral vocacional. 

Ya mayor se interesó en las redes sociales y muchos de sus exalumnos le mostraron su admiración y cariño; él mismo hizo lo mismo y, por este medio se interesó mucho por las personas a quienes por años los había formado e instruido.

Es, quizá, en la Prepa de Torreón donde más afecto cosechó y, donde su presencia y acción en los jóvenes fue más significativa.

Testimonio de una exalumna: Son tantas las anécdotas y recuerdos que tengo de mi mosquetero, mi profe hermoso, que no sé ni por dónde empezar pero, como él me decía, siempre que me encontraba en situaciones como esta… ¡lánzate!

 “Por principio, soy la 44, apodo con el que me bautizó cuando estaba en la Prepa La Salle; yo le decía mi ‘Mosquetero’. 

Mi primer día de clase en la Preparatoria y, con todos los sentidos en alerta, pues comenzaba un nuevo ciclo en mi vida, mi primera clase, Matemáticas, impartida por el Profe Barba; la primera impresión que tuve al verlo me dije: ¡en la torre! el Profesor se ve exigente, de voz y paso firme y, con esa voz firme me echó de la clase, as,í sin titubeos: Señorita, ¡sálgase de la clase!

Yo, con mis sentidos alertados entendí el tono y, sin más, me salí del salón y me senté en el corredor, justo enfrente del salón de clases. Al terminar la clase todos mis compañeros salieron y, de repente, sin sentirlo llegar, ya estaba sentado junto a mí, con voz serena e, igualmente firme, me dice: No vuelva a interrumpir en mi clase, me da una palmada en la espalda y se va… desde ese momento quedó grabado en mi memoria para siempre y, a partir de ese día fui su ayudante, junto con otros dos compañeros, en la revisión de exámenes. Fueron tantos y tantos momentos memorables los que pasé con mi mosquetero, como le comencé a llamar cuando nos rencontrábamos.

 Lo dejé de ver casi 30 años y, cuando nos rencontramos, sentí que solo había pasado un fin de semana. Volver a verlo ha sido uno de los momentos más felices de mi vida.

Sus enseñanzas me acompañaron y me siguen acompañando en mi paso por esta Vida. ¡Un gran ser humano! El Profe Barba no se andaba con rodeos, auténtico en todos los sentidos, de piel recia, pero con un corazón gigante, lleno de amor incondicional, siempre tenía la palabra clave para animarte, el con- sejo  sabio  para  seguir adelante… “Pa’lante” co-mo él decía. Le doy gracias a la vida y a Dios por haberlo conocido. 

Una exalumna que se negaba a ir a la Prepa La Salle escribió: “Hola. Ex Lasalle 80_82. Ayer, 19 de diciembre, entendí lo importante que fue para mí, en mi vida llena de inseguridades, el que mi madre me obligara a ir a la Salle. 

Yo llegué con miedo por las personas que allí veía. Apellidos de renombre. Eso impresiona a cualquiera. Pero llegué a La Salle y, hoy sé lo importante que ha sido esa formación y los regaños del Hermano Juan Francisco Barba Arámbula. Gracias, compañeros, por la madurez de hoy. Porque un egresado de La Salle hace diferencias en la madurez de hoy, casi todos ya con 50 años.” .

 Una exalumna que vivía o vive en los Estados Unidos, le escribía. Entre lo que le dice está lo siguiente: “Querido Profesor Barba: 

Me va a disculpar por no haberle escrito en mucho tiempo pero, si supiera cómo lo he traído en mis pensamientos; desde hace mucho tiempo que he deseado estar a su lado, que me escuchara y que me consolara y ayudara en todos mis problemas. He traído tantas cosas negras en mi corazón, que solo, para mí, había una persona en este mundo en quien confiar realmente: Usted. Después le cuenta una serie de confidencias muy personales… ´De verdad, deseo de corazón que rece   por mi salvación, ya que usted es tan grande para mí, por tantas cosas… cómo hay veces que, un simple papelito que me manda, me hace reflexionar bastante; usted lo logró cuando me dio el relato de la oveja pérdida, ojalá siga mandando relatos así a sus estudiantes, lo mismo para quienes andamos equivocados de camino y regresemos al correcto… Gracias, otra vez, por ser mi amigo, la verdad lo quiero mucho, aunque no le escriba seguido…  

Una exalumna que rencontró a su antiguo Profesor y vino varias veces a Lagos para agradecerle lo que hizo por ella y cómo la sacó adelante: El profesor Barba, allá por 1982, era el subdirector y maestro de Matemáticas y deporte, de la preparatoria La Salle Torreón. Tenía fama de ser un maestro muy estricto y, de muy pocas pulgas. Todos le temían, LE TENIAN PAVOR. El profesor Barba no tenía pelos en la lengua, te decía las cosas tal cual eran. Si no querías estudiar, si interrumpías o interferías en su clase, te decía que te fueras de la clase; él tenía grandes ideas, energía siempre con proyectos. En aquel entonces la Preparatoria se acababa de mudar a un Nuevo plantel y, estaba completamente árida, casi en obra negra y el profesor Barba creó un comité de alumnos para embellecer nuestra escuela.  Logramos recolectar 150 arbolitos y otras plantas ornamentales más,que nos fueron donados por un vivero en Lerdo. También él hizo el primer anuario (aquí le adjunto una copia). Por favor, léalo. Todo fue diseñado por el, podrá ahí ver al Hno. Barba. Los comentarios todos contienen su voz, su forma tan distintiva de hablar. Siempre positivo. ¡Qué paradójico, los alumnos le temían, cuando en realidad él era tan alegre.

Ya casi para graduarme decidí dejar la escuela.  Pero, no, mi querido profesor Barba no dejó que eso pasara; su mano amiga siempre estuvo para mí, para apoyarme y echarme porras. El venía desde el Instituto Francés, hasta mi casa de Torreón-Jardín, lejísimos…. para repasar todas las materias o, a veces, solo salíamos a platicar de la vida. Ahora lo veo más claro, era para darme su apoyo, su compañía y para darme ánimos de seguir. Siempre creyó en mí, aun cuando yo misma no lo hacía….  Siempre me decía +++++TÚ PUEDES MÁS DE LO QUE CREES PODER+++++  …… nunca olvidare los esfuerzos que hizo por sacarme adelante y ayudarme en esos momentos de juventud atormentada. Por eso es que siempre le estaré eternamente agradecida a DIOS, por haberlo puesto en mi camino, entones y, ahora, por rencontrarlo y disfrutar de su amistad, tan sincera e incondicional

 Lo busqué mucho, mucho tiempo, hasta que por fin lo encontré en Lagos de Moreno, en el 2009 y, Gracias a Dios, logré ir a visitarlo en dos ocasiones.

Apostolado por las vías cibernéticas:

Una de sus antiguas alumnas lo invitó a que tuviera redes sociales, correo electrónico y, más tarde, Face book. Estos dos medios fueron para el Hermano Pancho un nuevo medio de apostolado con sus antiguos alumnos.

El profesor no tenía correo electrónico, así que, por un tiempo, el hermano Gerardo Martínez y el novicio Christian Muniz Castillo fueron nuestros intermediarios, hasta que El Profesor estableció su cuenta de correo, el 28 de noviembre de 2009 panchoyo1111@hotmail.com

Ya lo demás es historia. Después del correo electrónico empezó con el Facebook, el 23 de enero del 2010 y, parece que ahí se reconectó con muchos de sus exalumnos, amigos, etc.   y se hizo ávido en las redes sociales; rápidamente tenía más solicitudes de amigos, como cualquier popular adolescente. El temido Profesor Barba ahora era comprendido y valorado y, gracias a su firme mano logró llevar a muchos de nosotros, con su ejemplo y motivación, por el buen camino 

Demostrando su gran inteligencia dominó la tecnología y se apasionó por el arte de editar y crear PowerPoint, en los cuales se entretenía mucho y transmitía bellos pensamientos, mandaba felicitaciones, compartía sus vivencias con fotos, frases de aliento y música. Siempre demostrando su gran vocación y amor a Dios. Nunca se quejó de su quebrantada salud, siempre le veía el lado bonito de la vida. Palabras textuales, LO QUE TENGA QUE VIVIR SERÁ SIN ESTRÉS…Y CONTENTITO.

Todos los días, desde el 2009 hasta el 10/31/2015, unos días antes de su muerte, mandaba un correo electrónico con chistes, porras, enseñanzas, música, videos, pensamientos, saludos o bendiciones… Muchas veces compartiendo su gran amor a Dios, su gratitud y entusiasmo por la vida, admiración al Fundador…Yo guardo todos y cada uno de ellos, que son un gran regalo que me dejó. Es como si él estuviera aún aquí.

A través de este medio compartió su ser y esencia, por completo, llegando a ser del más temido al más amado.  Fue el mejor y más leal de los amigos, valoraba la amistad por sobre todas las cosas. Palabras del profe: “un amigo te acepta tal cual eres, cree en ti, te comprende, se entrega incondicionalmente, pinta de colores tu vida, te ofrece su apoyo, te ayuda a levantar, eleva tu espíritu, camina a tu lado. Él siempre me recordaba: “No olvides nunca el valor de la Amistad”.

De los muchos correos que el Profe mandó este es el que más me recuerda cómo vivía su vida:

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA ALEGRÍA:

1-Cada mañana, cuando te levantes, pide a Dios el don de la alegría.

2- Incluso en las adversidades mantén, la calma y la cara sonriendo.

3- En el silencio de tu corazón siempre ten presente que Dios te quiere 

y que Él siempre te acompaña.

4- Una y otra vez, dedica tu mirada a observar y admirar las buenas  

    cualidades de los otros.

5- Sin ningún miramiento, siempre aleja de tu vida la tristeza.

6- Evita las quejas y las críticas: no hay nada que sea tan deprimente.

7- Esfuérzate en tu trabajo y en tus obligaciones con el corazón gozoso 

    y alegre.

8- Siempre ofrece a los visitantes una acogida afable y benévola.

9- Aleja de ti los sufrimientos y piensa cómo hacer llegar la alegría a los 

    otros.

10- Repartiendo alegría, ten seguro que también la obtendrás para ti. 

EL HERMANO BARBA FUE EL MEJOR AMIGO QUE UNA PERSONA PUDIERA ANHELAR; ESA FUE UNA DE SUS MUCHAS Y GRANDES CUALIDADES Y  EJEMPLO DE SU AMOR POR EL PRÓJIMO .

1984 – 1991 Acapulco, Gro.  Maestro de Preparatoria

El Bello Puerto, con su gran bahía de Santa Lucía, recibe al Hermano Francisco como profesor de la Preparatoria; su campo de trabajo va a ser otro, se dedicará a la enseñanza de la Computación de todos los alumnos de la Preparatoria. 

La Salle de Acapulco lo tiene de maestro siete años, enseña computación y Matemáticas, vuelve a ser rudo con el alumno que no le respondía, su carácter fuerte se manifestó muchas veces, pero a la vez fue querido por los buenos alumnos. 

Muy docto en sus conocimientos, dominó lenguajes y programas y tuvo el don de hacerlos accesibles para los alumnos; sus explicaciones claras y precisas. El carácter del acapulqueño y la inquietud de los jóvenes fue motivo de choques por parte del Hermano Pancho; muy a menudo mandaba fuera por todo el semestre a cualquier muchacho que hablaba o que no le obedecía a pie juntillas; los problemas que esto ocasionaban iban a dar a la Coordinación de la Preparatoria y el Hermano encargado buscaba solucionar el problema dialogando con el Hermano Pancho y con el alumno. 

Un día que se cansó y, había llegado un Padre de familia para arreglar la expulsión de la clase de computación de su hijo, el Hermano Coordinador mandó llamar al Hermano Pancho y le dijo que fuera él quien dialogara con los papás y resolviera el problema; ese día se suavizaron mucho sus castigos y de ahí en adelante le tocó al Hermano dialogar y resolver sus problemas con los alumnos. 

Estando en Acapulco tuvo la oportunidad de hacer un viaje a Europa, con la finalidad de asistir, el 1° de noviembre de 1987, a la beatificación del Hermano Arnoldo Réche; este viaje lo realizó con el Hermano Genaro Magallanes, ambos con un gran deseo de aventura y de conocer lo más posible, con las menores estructuras, viajando en el medio más sencillo y el primero que encontraran para trasladarse. 

Viaje a Roma y Tierra Santa:

Escribió en la Revista La Salle lo siguiente:   

“Béatification del VENRABILES ARNOLDUS RECHE” 

« Beatorum nomine in posterum appeletur, eorumque fetum, die ipsosum Natali; Arnoldi Reche die vigesima tertia octobris… in locis modis iure statutis, quotannis celebrari possit » S. S Juan Pablo II 

En tu vida diaria encuentras la mano de Dios… y en los milagros el dedo de Dios que te quiere decir algo en lo más profundo de tu ser. Para mí, el milagro es la preciosa oportunidad de viajar, conocer, convivir y, sobre todo, sentir lo que en una plática es imposible decirte. Ahora entenderás por qué afirmo que mi santo preferido y el milagroso por excelencia es mi querido Hermano Arnoldo.

Con el compañero ideal, Genaro, emprendí mi viaje a Roma, pasando por Reims. El Hermano Visitador y el Ecónomo, super amables; en esa ciudad brindamos con tequila por nuestro Santo. Un Hermano viejecito estaba muy feliz de vernos y muy interesado de platicar sobre México. Nos platicaron que el Hermano Arnoldo gastó parte de su vida ahí y que se le recuerda con mucho cariño. 

Me habían platicado de lo hermoso que era Suiza, pero queda muy atrás de la realidad y, sobre todo su gente. Los Hermanos de Neuchatel fueron la mar de amables, nos quieren como no tienen idea. En la Iglesia parroquial, entre las hojas que obsequian para los oficios, tomé un folleto de once páginas: “Bruder Arnold, FSC, aus dem Institut der Bruder der Chistlichen Schulen…”

Creo que ahora la obra de la Iglesia es darlo a conocer y, en los lugares donde tenemos escuelas distribuir y obsequiar, aunque sea una hojita motivadora, bien presentada, que le dé a conocer.

Roma, toda hermosa, la Casa Madre limpia, a más no poder, con una decoración esmerada a base de plantas, tanto en la Capilla como en los corredores.

Obsequiaron el programa de la fiesta donde se señalaba una fiesta académica, a celebrarse en la Villa Flaminia; la ceremonia de la Beatificación en San Pedro y, por la tarde noche un concierto de órgano en la Casa Madre.

Después un triduo de misas solemnes presididas por señores Cardenales.

Al iniciar la Misa de Beatificación se leyó la vida del Hermano Arnoldo, en francés, luego las de las dos religiosas: Blandina María Meten y Ulrica Francisca Nisch, en alemán.

Los  tres  llegaron a la santidad siendo maestros; eso me hizo reflexionar mucho sobre el valor de mi vocación de educador. 

No quiero terminar sin agradecer de todo corazón a mi Hermano Arnoldo y al Hermano Visitador y demás Hermanos que hicieron posible esta enorme dicha. Especial agradecimiento a ti, Genaro Magallanes, por tus atenciones .

“Algunas anécdotas del viaje a Europa: Para ahorrar en Roma, el Hermano Jorge Bonilla les ofreció su cuarto y les entregó la llave y les dijo que estaba ya pagado, pero llegó el Hermano Visitador del Sur y le dieron esa habitación, así que se quedaron sin el alojamiento. El Hermano ecónomo del Instituto les consiguió alojamiento con unas religiosas.

Estando el Hermano Genaro y el Hermano Pancho en la puerta del comedor de  la Casa Madre, un Hermano se levanta para darles la bienvenida y les preguntó si eran los Hermanos mexicanos y, la respuesta de Pancho fue preguntarle a quemaropa ¿Y tú quién eres? Él tranquilamente le contestó “Soy el Superior General”; era el Hermano John Johnston, el distraído de Pancho no lo conocía

Cuando volaron de Roma a Israel, al llegar a la aduana israelí los detuvieron, les preguntaron dónde habían estado, ellos contestaron: Francia, Suiza, Alemania, Italia y Austria, les dijeron que no era posible que hubieran estado en tantos países, ellos lo comprobaron y les pusieron tres guardias, uno que hablaba español, otro inglés, y el tercero francés, terminaron como amigos, pero la forma estrambótica de Pancho les hizo crear sospechas.

En Tierra Santa se alojaron con los Hermanos de Jerusalén, quienes los trataron muy bien y, fraternamente los orientaron para que conocieran lo mejor posible la tierra de Jesús.

Uno de los lugares que les llamó mucho la atención fue la visita de Mazada;   había teleférico, pero a Pancho no le gustaba gastar, así que escalaron la montaña y, al llegar a lo alto de la histórica fortaleza, se encontraron con un árabe que les preguntó ¿Cómo llegaron? Ellos contestaron, escalando y, el buen árabe, que conocía el castellano, les cobró solo la mitad porque eran los únicos que habían hecho esa hazaña.

Arriba de la fortaleza se veía muy completo el Mar Muerto y gozaron con ese paisaje único. 

También fueron de visita a la capital de Israel, Tel Aviv; ahí los recibieron los Hermanos y les impresionó que en la escuela convivieran las tres religiones: judíos, cristianos y musulmanes. También fueron a Belén, a las grutas del Rey Salomón, Nazareth y al Lago de Galilea, asistieron a bautismos por inmersión en el Río Jordán.

A este viaje el Hermano Pancho le llamó ‘el gran milagro del Hermano Arnoldo’, pues, gracias a su beatificación tuvo la oportunidad de conocer Europa y Tierra Santa. 

De regreso a Acapulco bautizó su laboratorio de Cómputo con el nombre de Jules Réche, o sea, Hermano Arnoldo.

El Aventurero por excelencia: 

Todos los años, al finalizar los estudios, Pancho iba con el Hermano Genaro y le preguntaba ¿A dónde vamos ir de vacaciones?  Y, agarraban camino. El sistema era muy fácil: tomar el primer autobús que saliera y en ese se subían. Así conocieron las costas de Oaxaca, Chiapas y muchas poblaciones. Se hospedaban en donde menos costará, e iban a los lugares más desconocidos, siempre mochila al hombro, la comida era siempre frugal y lo primero que encontraban” .

En comunidad fue un hombre feliz y positivo, gozó el mar, a donde semana con semana iba a nadar y a descansar, el paseo a Puerto Marqués y la comida con Cata no los perdonaba; cuando había visitas era muy gentil invitándolos a ir al mar.

Su estancia acapulqueña terminó al presentársele el nuevo reto de la Misión de El Salto, que acogió con alegría y sencillez.

Durante sus vacaciones, el Hermano Pancho, no solo se dedicaba a recorrer los desconocidos caminos de nuestro México, sino que se ofreció a trabajar como maestro de Matemáticas, Física y Química en la Normal Superior Benavente durante varios veranos. 

El que el Hermano Ambrosio Luna fuera el director de esa prestigiada escuela de formación de maestros le atraía, pues Pancho y el Hermano Ambrosio fueron muy buenos amigos y compañeros de formación, desde el Noviciado Menor y de Toma e Hábito. Además, los dos tenían el mismo perfil de ingenieros. En el Benavente fue muy apreciado por su didáctica y por su saber en el campo de las Ciencias exactas y la Química.

Relaciones familiares:

La familia Barba Arámbula quedó reducida a sus dos hermanas y el Hermano Pancho, ya que su hermana mayor, religiosa, murió; una de sus hermanas vive en Guadalajara y la otra vive en Tepatitlán, siempre fue una familia muy unida. El tiempo en que estuvo cuidando a su mamacita, antes de que el Señor la llamara los hizo más unidos. El chiquillo que dejó a sus padres a los 13 años vino a auxiliar a su mamá cuando ya era un hombre maduro de 35 años; esa cercanía ayudó a reencontrarse y reconocerse, después de 22 años de ausencia, aunque no total, porque si había visitas periódicas a la familia.

Durante las vacaciones de semana Santa el Hermano aprovechaba para revivir su niñez en el Rancho Los Pocitos, rancho que fue familiar, pero al repartir la herencia uno de sus sobrinos compró las partes de los demás para mantener la unión de la propiedad.

Cuenta su sobrina que él jugaba con sus sobrinos más pequeños y se divertía en grande, conversaba con sus hermanas y revivían tiempos idos. Pasados los días santos se despedían, esperando el próximo año para ese rencuentro familiar. Con la llegada del Hermano Pancho, primero a Guadalajara y después a Lagos, la relación con sus hermanas fue mucho mayor.

Siempre estuvo presente en la alegría y en el dolor: “octubre 17 de 1959. Estimado Hermano: Regresé de San Ignacio, estuve allá desde el 9 del presente, porque Rica (Su hermano religiosa) seguía malita y pasaron los días y el Doctor no nos daba esperanzas de que viviera muchos días, hasta que el domingo 11 a las 7 y media de la mañana murió. 

Dios nos de resignación a todos y la tenga ya descansando, ya que tanto sufrió. Tu hermana, Mercedes . 

Una carta muy bonita que el Hermano Pancho guardó, seguro con mucho cariño, fue de su maestra, cuando estuvo en Atotonilco, a causa de la “concentración”, nos permite recrear algo de la infancia de nuestro Hermano y de las atenciones que toda su vida tuvo para con las personas que un día estuvieron cerca de él: 

“Atotonilco el Alto, Jalisco, 1º de enero de 1966.

Hno. Juan Francisco Barba                                                                                                             Monterrey, N.L.

Muy estimado Pancholín. Perdona la falta de respeto al Hermano, para recordarte cuánto fuiste para tus maestras, el Pancholín travieso, aplicado y afectuoso.

Mi silencio para todas tus manifestaciones de aprecio, jamás lo atribuyas a menosprecio ni olvido, es que no sé distribuir mi tiempo. Tú eres también muy ocupado y jamás se te pasan las fechas. Espero y ruego diariamente en el Santo Sacrificio de la Misa, que te santifiques en el medio tan apropiado que la Providencia te tiene colocado. Que el año que hoy comienza sea para ti una ocasión de acopio de méritos y de provecho para los que te rodean. Cuando se te presente la oportunidad, pasa, aunque sea corriendo, a despedirte de tu vieja maestra, que no tarda en hacer el viaje del que no se regresa. Allá te veré en el cielo.  Ruega por mí” .

La amistad y el cariño a los que vivieron con él o fueron sus alumnos fue muy notable, él sabía hacerse presente con un mensaje, con una palabra de aliento o un pequeño regalo, cuando celebraba ese amigo o amiga algo en su vida. Con la presencia de Hermanos que fueron compañeros de infancia y de formación se llenaba de alegría, en cierta forma eran “como su orgullo”. 

1992, 15 de agosto, apertura de la comunidad:

El Consejo General aprobó por unanimidad la apertura de la Comunidad de El Salto y el Hermano John Johnston ratificó este voto: “Felicitó al Hermano Everardo Márquez y a todo el Distrito por esta hermosa iniciativa, tan fiel al espíritu Lasallista y a las Directivas del último Capítulo General” . 

El día de la apertura de la Comunidad fue el 15 de agosto, fiesta muy significativa por ser fiesta de la Asunción de María. A la cabeza del pueblo entero estuvo el Señor Obispo, Manuel Mireles, el Señor Cura, don José Anaya y, toda la población recibió a los Hermanos en el “tope” de la curva de la carretera Durango Mazatlán Km 100; unos jóvenes realizaron una carrera de 10 ks., llegó la Banda de música de la población animando el acto, mucha gente se enteró de la llegada de los Hermanos, por ser sábado, día en que de los pueblos van a surtirse para la semazna. Se anunció que los Lasallistas llegaban a establecerse a El Salto, anuncio que fue recibido con un gran aplauso; la mayor ovación fue al carro alegórico de San Juan Bautista de La Salle y a los Hermanos fundadores que llegaban.

En procesión lentamente fueron entrando a El Salto, hasta llegar a la Catedral, pasando por la Parroquia, la Plaza del pueblo, las vías del tren, hasta subir a la colina donde se encuentra el templo. Ya allí fueron colocados reclinatorios para el Hermano Visitador, Everardo Márquez  y los tres Hermanos fundadores. La Eucaristía fue presidida por el Señor Obispo, Manuel Mireles, el Sr, Cura Anaya y cinco sacerdotes.

La Catedral estaba bellamente adornada con flores, carteles y mantas de bienvenida, de los pueblos, dando la tónica de la alegría del pueblo. Un grupo musical con violines y contrabajo e instrumentos de cuerda apoyaron el canto. Deportistas, gente del pueblo, banda de guerra, llenaron el templo, al grado que los celebrantes se tuvieron que abrir paso.

Durante la homilía, el Señor Obispo dio la bienvenida oficial, expuso las necesidades y carencias de los pueblos de las Prelatura, así como sus anhelos y esperanzas. Consideró: “como un inmenso don de Dios, la nueva Comunidad de Educadores Religiosos que llegaba a El Salto, para responder a una gran necesidad de educación cristiana de niños y jóvenes, víctimas de la ignorancia y acechados por la vagancia y múltiples vicios.

El momento de la paz y, después de la Comunión, fueron momentos muy emotivos para los Hermanos, ya que muchos se acercaron a darles la bienvenida. A las tres de la tarde se terminó la Eucaristía y el Señor Cura Anaya invito a todos a pasar “de la Misa a la mesa”.

La nueva comunidad está conformada por los Hermanos:Pedro Córdoba Concha (Frere Víctor) como director, Pedro Vela Rodríguez y Juan Francisco Barba Arámbula.

Traslado al Centro cultural y social la Victoria:

Grata sorpresa al llegar: los jóvenes de los grupos juveniles habían hecho cientos de banderitas para adornar con ellas la cerca del edificio que estaba por inaugurarse. Se procedió de inmediato a la solemne bendición de la Casa y del Centro. Lecturas, responsorios, oraciones y, luego el Señor Obispo acompañado por los Sacerdotes, Hermanos, Aspirantes, Postulantes y representantes de los pueblos de la Sierra, recorrió los edificios asperjándolos generosamente con agua bendita.

Terminado el evento, el Hermano Visitador, Everardo Márquez, agradeció a quienes prepararon e hicieron posible esta nueva obra, así como a la gente por su amistad y apoyo, dando la enhorabuena a los tres Hermanos fundadores de la nueva Comunidad, pidiendo para ellos la bendición del Señor y la asistencia de María Santísima y de nuestro Santo Fundador .

Los primeros meses y, quizá hasta un año, fue un tiempo de abrir brechas y de buscar nuevos horizontes de trabajo; se conoció la Prelatura, se hizo una larga lista de necesidades y se emprendieron cursos y acciones para evangelizar a la población y hacerlas agentes de su propia evangelización, con la preparación de Catequistas y Celebradores de la Palabra; otro trabajo que realizaron fue la de maestros del Seminario de la Prelatura.

El trabajo en El Salto presentaba amplios horizontes y, con el tiempo se realizarían nuevos proyectos, que poco a poco fueron fraguando pero, que solo duró esta aventura pastoral para Pancho, cerca de dos años, ya que ante la necesidad de un formador en el Postulantado de Guadalajara fue llamado a esa nueva misión en 1994.

Postulantado y Noviciado

El Hermano Pancho se transforma del maestro al compañero, en la formación de los Hermanos jóvenes. Más de 20 años estuvo en casa de formación y, su presencia discreta, pero efectiva, va a ayudar a forjar valores y convicciones religiosas en muchos jóvenes que pasaron por el Postulantado y el Noviciado, en estos 21 años que vivió con ellos. 

Un testimonio de un joven que fue postulante con el Hermano Pancho, relata: “En 1995, cuando entré a formación para Hermano Lasallista, tuve el honor de tener a un buen director y a un buen subdirector y, este último fue el Hermano Juan Francisco Barba Arámbula. Fue un gran hermano, un gran ejemplo y una persona importante para mí”.

Destellos de su vida en el Noviciado: 

Era, por lo general, tranquilo, afable, servicial y caritativo, solo cuando alguna cosa le parecía mal, mostraba su disgusto. Atento a los Hermanos Novicios, tanto en la lectura del comedor, en que veía si entendían las palabras de la lectura, de no ser así las explicaba.

Atento a las personas, le gustaba repartir algunos frutos de sus lecturas, como eran hojas con reflexiones o cuentos navideños; a la persona del IMSS que lo atendía para su supervivencia, siempre le llevaba algún pequeño presente. A los HH. Novicios, los domingos, después de la misa dominical, les compraba “churros” para su desayuno.

Su vida espiritual era de fidelidad a los ejercicios, ya que participaba en todos los ejercicios espirituales de los novicios; cuando le tocaba preparar la oración para la comunidad, lo hacía con esmero, participaba en las diversas oraciones con los novicios, sobre todo en el rezo del Santo Rosario.

Tenía una serie de frases, muy probablemente acuñadas por él, en su mayoría, otras, fruto de sus lecturas espirituales, que iba dando a los novicios como motivaciones. Él decía que lo primero que tenía que hacer era cumplir el mandamiento cero, que es “Dejarse amar por Dios” y, que después venían los otros. En cuanto a la vida de Hermano tiene varias frases para meditar: 

– Si el Hermano Lasallista vale lo que pesa… el Noviciado sería el tiempo de ganar peso específico. 

– Si el Noviciado es el pulmón de la congregación, saborearé esta etapa de contemplación…

– Le Saint habit est une marque extérieure de l´engagement que ont a contacté de mener une vie sainte..

– Si durante la vida, la regla de oro es  vivir ocupado, gozando mi existir…

– La santidad es la potencialidad que tenemos de hacerle a Dios la vida fácil.

Igualmente, les daba a los novicios frases para que repitieran durante el momento del ‘Acordémonos’: 

– Cristo Jesús, yo te adoro, eterno y profundo es tu amor.

– Venimos hoy a adorarte Señor, pues tú eres la alegría de nuestro corazón.

– Dejemos a Dios… ser bueno con nosotros. 

– El caso es que a Dios le gusta que nos pongamos en contacto con Él. ¡Como cualquiera que se ama!

Y muchas frases así, que dejó en pequeños trozos de papel o, a lo más, en medias hojas… fue su forma de vivir su espiritualidad y compartirla con quienes le tocó trabajar y acompañar. 

Algunos exalumnos y exalumnas, sobre todo de Torreón, agradecen mucho sus cartas y sus frases, que de continuo subía a las redes sociales para ayudarles a reflexionar…

Sus lecciones para los HH. Novicios las preparaba muy bien y de forma creativa: impartió Historia del Instituto, Mecanografía, Biblia y francés. 

Los Paseos para él eran vividos y gustados y, muchas veces servía de guía.

Una de sus aficiones era la jardinería; durante muchos años se preocupó de que el jardín central del Noviciado fuera un vergel de flores; gozaba mucho mostrando a las personas que lo visitaban, las flores que tenía y, con algunas de ellas intercambiaba plantas; los troncos de los árboles se vieron cubiertos de orquídeas, que a su tiempo se llenaban de flores. Cuando se modificó la arquitectura del Noviciado también el jardín central se modificó: se acabaron la mayoría de los árboles, el viejo mezquite, donde se había puesto la primera piedra del Noviciado, murió, así como las casuarinas, las palmas jacintinas y los cipreses. El Hermano Pancho se sintió y, aunque muchas de las plantas fueron puestas en el jardín de entrada del Noviciado, su interés decayó mucho. 

Otra afición que tenía era por los pavos reales, que llegaron solos al Noviciado y ahí se reprodujeron. Uno de ellos perdió a su mamá y los demás lo rechazaban, Pancho lo cuidó de una forma especial, llamándole Kevin, le daba de comer en su mano y, el animalito se convirtió en su fiel compañero, que lo acompañaba junto a la silla de ruedas.

El Hermano Pancho poseía muchas cualidades: era sincero, piadoso, hombre de oración, constante lector, fiel a la amistad, brillante intelectualmente, con el don de saber enseñar y hacer progresar a sus alumnos, ordenado es sus exposiciones, sobre todo de Matemáticas, Física y Química, amante de la naturaleza, de una recia voluntad y perseverante en lo que emprendía; poseía también sus defectos y, quizá, el defecto mayor que tenía era el ser desordenado, primero en su forma de alimentarse, en su presentación personal; no era sucio pero no cuidaba su presentación. El descuido y desorden de su alimentación le agravó su diabetes, tampoco se preocupaba mucho de su salud, quizá por no querer molestar. Un don grande fue saber decir la palabra oportuna a sus alumnos y motivarlos a superarse. 

El Hermano Pancho, visto por uno de sus novicios: 

“¡Ah qué Pancho!” 

Recordar al Hermano Francisco Barba, el Hermano Pancho, como de cariño le decíamos los que tuvimos la fortuna de ser sus novicios, en Lagos de Moreno, es recordar un sinfín de anécdotas que, sin duda alguna, solo sacaban la expresión, en más de alguno, de “¡Ah que Pancho!” El Hermano Panco fue un hombre original, sin temor a expresar sus pensamientos y sus ideas, un hombre práctico y muy transparente, que se preocupaba por sus novicios y por sus exalumnos. Muestra de ello son las flores que le llegaban el día de sus cumpleaños, año con año, provenientes de Miami, de una de sus exalumnas, de la que conocía su vida, desde la prepa La Salle de Torreón, donde fue su maestro. Así, como muestra de su cariño por sus novicios, eran los churros que les llevaba los domingos, en que iba a misa temprano o en alguna de sus salidas al doctor o a la farmacia.  

Era costumbre verlo caminando con su silla de ruedas por los pasillos del Noviciado, seguido por uno o varios pavos, a los que les iba tirando chococrispis, cosa que no agradecían quienes debían limpiar esos pisos. A los pavos los tenía en muy alta estima, preocupado por encontrar los huevos que ponían y que dejaban abandonados las pavas, para poder llevarlos a una incubadora, de la que esperaba que saliera alguno que otro pavito, aunque la mayoría sin éxito. Sin embargo, el único pavito que salió de incubadora lo cuidó con enorme empeño y lo fue domesticando, al grado de darle de comer de sus frijoles o dejarlo ver la televisión en su cuarto. Pero Kevin, ese era el nombre del pavo, creció y, al tratar de satisfacer sus impulsos naturales, propios de la primavera, sufrió una persecución de parte del os demás pavos, terminando herido y obligando a Pancho a regalarlo a un padre que oficiaba misa en la casa, una difícil decisión.  

Sus clases también tenían especial prioridad para Pancho, preocupándose por prepararlas y llevar datos, anécdotas y reflexiones que las hicieran interesantes y amenas, por ejemplo, los videos que ponía a mitad de clase o a cierta hora de la clase, videos chistosos que encontraba en Facebook o que le mandaba alguno de sus conocidos, los cuales descargaba previamente uno de los novicios. Sus clases siempre estaban bien ordenadas. Se apoyaba de una numeración por temas  pero, en lugar de empezar por el número uno, siempre empezaba por el punto 0. Este punto lo aprovechaba para dar alguna reflexión, ya sea del Evangelio, de alguna festividad, alguna frase o, acerca del Noviciado. Por ejemplo, el primer punto 0, es decir, el de su primera clase con los novicios, era: “Dios me quiere ver contento a lo largo de mi noviciado, lo haré y trataré de estarlo siempre, así agradaré al Señor”. Sin duda que sus clases nos animaban el día y nos hacían esperar la hora de que llegaran.  

La relación con sus novicios era muy cercana. Se preocupaba por ellos y los apreciaba a todos aunque, a veces, no lo pareciera tanto. De hecho, una de las conclusiones que sacábamos entre los novicios era que, si no te había “pendejeado” Pancho, todavía no empezabas tu noviciado. En cierta ocasión, recién llegados al Noviciado, en la clase de mecanografía, llegó un novicio tarde, diciéndole al Hermano que se había quedado dormido. Días después nos enteramos, de los novicios que ya salían, que Pancho les dijo que tenía un novicio doblemente pendejo, una por quedarse dormido y dos por ir a la clase en vez de quedarse dormido. Situaciones de este estilo no faltaban con Pancholín.  

Otro de los aspectos que más le importaban al Hermano Pancho eran los paseos de los jueves, a los que asistía siempre. Los paseos eran por la tarde y, previamente, en la clase de la mañana, nos daba las indicaciones del paseo, pues él no podía ir con nosotros, sino que nos esperaba en la camioneta. Sus indicaciones eran, extrañamente, inequívocas, digo extrañamente porque en realidad los mapas que hacía en el pizarrón consistían en una línea con gis, que solo se convertía en un círculo cuando llegaba a un árbol o a algún objeto especial que nos indicara el camino y, ya en el paseo encontrábamos todo, exactamente como nos lo había indicado. Solo en una ocasión no llegamos al final del paseo y, de flojos no nos bajó Pancho. Cuando el paseo era muy corto, la recomendación que nos hacía era caminar tranquilos y tirarles piedras a las lagartijas, para no llegar tan temprano al Noviciado. Su cariño por la naturaleza era singular. Le gustaba tener muchas plantas y a todas las cuidaba él mismo, con ayuda del jardinero. Le gustaba tomarse fotos con las plantas más floreadas y coloridas. En los paseos le gustaba acostarse en el pasto o en la tierra y, en ocasiones, lo hacía en la casa.  

Hasta el final de su vida, Pancho fue un hombre lleno de color, lo que demostraba con sus playeras. Sus dichos, su carácter, sus acciones y su forma de pensar, hacían que a todos se nos iluminará el rostro de alegría. Las últimas reflexiones que tenía eran sobre el amor infinito de Dios por nosotros, incapaz de condenarnos, de hecho, el último regalo que nos hizo fue el libro de “Las buenas cabras”, en el que se aborda la misericordia infinita de Dios que no nos castiga, sino que nos ama y se nos adelanta, nos primeriaba, como diría el Papa. Era capaz de sacarnos una sonrisa todos los días, incluso el día en que murió, 2 de noviembre, hizo que fuera un día sumamente especial, nada fuera de lo común con él, lleno de colorido tradicional del día de muertos. A su funeral llegaron muchas personas, conocidos, familiares, exalumnos, entre los cuales estaba uno de Monterrey, que se fue a Lagos sin saber nada, únicamente que Pancho había muerto. Llegaron las flores de Miami y muchos Hermanos, los cuales tienen, como yo, el honor de decir que fueron novicios del Hermano Pancho .

Fueron notables sus preparaciones de clase, con el sello de Pancho. Para historia del Instituto hizo muchos crucigramas de aplicación de lo que enseñaba,  algunas presentaciones realizadas por él, además, sus clases de mecanografía, así como apuntes, y dejar las revistas La Salle todas rayadas, por lo que de ellas sacaba para sus clases; siempre iniciaban con un chiste, que tenían que escribir. La mayoría de los novicios, en un corto tiempo dominaban el teclado, aunque algunos permanecían en esa clase todo el año. 

El día del maestro de 2002 le hicieron un acróstico 

“DIA DEL MAESTRO”

Fuerte en la lucha.
Resistente en la tempestad
Admirable apóstol de la enseñanza
Noble y tenaz en la educación 
Constructor del mañana en la juventud
Infatigable imitador de su Fundador
Servicial, motivado en el amor
Consagrado para la gloria de Dios
Optimista en la desesperanza.

Bondadoso para con el débil
Amoroso con el triste
Radiante luz de maestro
Bueno para ejercer la caridad
Alma valiente y fuerte que los vientos no pueden alcanzar.

Mayo 14 de 2002.

El final se acerca:

31 de octubre. El Hermano Pancho como que presentía el final. Dos hechos que sucedieron: el primero, la Sra. que hace el aseo en la casa de los Hermanos del Colegio, al despedirse del Hermano Pancho le dijo que: “él también se despedía de ella, ya que no volvería a verla”. Ella creyó que el Hermano iría de viaje a alguna parte.

El segundo: tocaron a la puerta del Noviciado y, era un señor que pedía algo de comer. Al enterarse el Hermano Pancho, le dice al novicio que lo había atendido que fuera a su cuarto y le llevará al señor unas chamarras suyas y le dijera que volviera al día siguiente por más ropa. 

Días antes, el Hermano Pancho le comentó al Hermano Director, Gerardo Martínez Luna, que sentía dolores en el pecho, él le ofreció llevarlo a León para que lo checaran, como lo hacía regularmente, Pancho le respondió: ya pasaran… El domingo, uno de noviembre, por la mañana, se encuentra a un Hermano novicio y le pide que comunicara al Hermano Director que se sentía mal. El Hermano Director de inmediato se lo lleva a León y lo interna en el Hospital Aranda de la Parra; después de varios estudios se vio que era necesario un cateterismo, pues las válvulas de las arterías estaban mal y se decidió proceder, por la mañana del día dos, a la operación. En la preparación de la intervención quirúrgica, de repente le vino un ataque cardiaco que lo llevó a la casa del Padre. Se le administraron los últimos sacramentos, bajo condición y se procedió a todos los trámites para el traslado del cadáver.

Pronto se avisa al Hermano Visitador y a todos los Hermanos, a sus familiares y, vía internet, a muchas amistades de Pancho. 

Por la tarde de ese día llegó el féretro, se colocó en la capilla del Noviciado; estaba abierto, en cuyo interior se veía el cuerpo del Hermano, revestido del Santo Hábito, tenía el rostro apacible y sereno. Esa misma tarde se celebró la Eucaristía a su intención. Al día siguiente, 3 de noviembre, se celebraron dos misas más, una a las 7 de la mañana y la segunda a medio dí, presidida por el Señor Cura de la Parroquia de la Luz y sus dos vicarios.

Los Hermanos de las comunidades cercanas hicieron presencia, así como los Hermanos Visitadores Gabriel Alba y Martín Rocha, los Hermanos escolásticos de Antillas México, los Hermanos Jesús Rubio y Félix Joseph responsables de la formación en el Instituto. Por parte de su familia terrena estuvieron sus dos hermanas que le sobreviven y sobrinos.

Muchos amigos de los Hermanos, exalumnos y personas allegadas a los Hermanos se hicieron presentes, pidiendo a Dios por el querido Hermano que emprendió el último recorrido del camino.

La vida del Hermano Pancho se asemejó al lema de la tierra en que nació: “Ya que fue un corazón que amó y unas manos que trabajaron”. Descanse en Paz y ruega por tus Hermanos ante el Señor.

Como conclusión, podríamos decir con Pancho: 

Te necesito, Señor:

hasta que consigamos vivir más felices,

hasta que encontremos la vida en abundancia,

hasta que creemos tu Reino de justicia,

hasta que compartamos las cosas fraternalmente,

hasta que consigamos que nos duela el otro,

Hasta llegar a Ti por el camino que nos trazas. 

El Hermano Pancho era muy fiel a la amistad y a la fraternidad, aunque poco expresivo si lo hacía por escrito; son pocos los escritos que dejó, pero en ellos se muestra como un alma grande, un corazón atento y sensible a los valores, a las acciones y al dolor de sus hermanos, sus prójimos; en ellos muestra amistad, preocupación y cariño por las personas. 

Mi amigo Mico:

Francisco Barba, fsc.

La verdad es que se amoló y, bastante, de una pierna, no recuerdo el motivo. Lo que sí recuerdo es su decisión. «El Doctor me recomendó, como terapia, nadar… Y qué mejor que en Acapulco». Llegó a la playa Condesa y, adentro no calculó la ola y se las vio feas tanto, que un lanchero, de los morenazos que abundan por esos lugares, creyó oportuno lanzarse y rescatar a Mico, porque iba volando para cadáver. 

Regresó Mico al mismo lugar, ya que se le pasó el susto pero, a que no creen para qué… llevaba en la mano un bien refrigerado six-pack y dejó al lanchero y a sus amigos de muy buen humor.

Ya llevo, creo, 10 años o más en este bello lugar de Lagos. Dos de las hermanas de Toño Sánchez recorrieron, de noche, el centro y quedaron sorprendidas; es de admirar lo hermoso que lucen sus faroles en cada casa; dan un sabor único.

Con varios ex-alumnos de Mico me ha tocado conversar y sin proponerles el tema, de espontáneo, han dicho cosas grandiosas de mi Hermano Mico; lo consideran como un guía, un padre para ellos. Siendo ya más que cincuentones aún le guardan ese respeto y cariño por sus consejos, ejemplo y su preocupación por ellos. 

La última vez que vi a mi amigo Mico estaba con enfermera a la izquierda, el doctor a la cabecera, Toño Sánchez a un ladito y yo… lo más cerquita que podía, porque era la hora de hacerle curaciones y, al moverle las mangueras que tenía en su pancita le dolían y, mucho.

Aquí estoy Mico, mira de este lado, voltéate, te veo amolado, pero de buen humor. Ahí te van unos chistes para que refresques tu alma. Sin más, le conté uno y dos… hasta tres, me parece… y Mico, mi amigo, ante lo menso de los chistes sonrió, le brillaron sus ojitos y luego vi como que le dolió algo, porque al reírse se le movía su pancita, con la curación que nunca cicatrizó.

Murió Mico, yo no fui porque quería recordar a mi amigo con su sonrisa y tan de buen humor que exclamaba: «Ay, Panchito», así me llamaba. El dolor merece el cielo, gana vocaciones, une a Cristo crucificado, todo eso me lo han dicho y, es verdad. Lo que me enseñó mi amigo Mico es que, teniendo. no uno, sino varios años de sufrimiento, todavía tiene fuerzas y ánimo para sonreír y hacer un campito, en tanto dolor, para ser feliz y reír.

La sonrisa y el dolor, tú me enseñaste que sí se pueden llevar. Mientras escribo esto, de mis ojos brotan lágrimas, no de dolor ni de pesar, sino de agradecimiento y cariño a mi gran amigo, Mico, por este recuerdo bello.

 «Bendito seas Mico», ¡Te quiero mucho!

Algunos testimonios durante el funeral del Hermano Pancho

¡Qué momentos tan hermosos has hecho que recordemos!!! De verdad, lo grandioso es ver el amor que tienen a mi amado tío, el ejemplo de vida que nos dejó y, te puedo asegurar que, hasta el último instante de su vida, porque Dios me dio la gran dicha de estar con Él, fue enseñanza y amor .

 Gracias.💋. ..por este bello recuerdo de un gran hombre, amigo y caballero… fue un placer ser una alumna del Profesor Barba y su amiga, llevarlo en mi corazón y recordar sus consejos y deseos para superarme… NUEVAMENTE GRACIAS.  ( Exalumna de Torreón, Marcela Mihaloglou)

¡Qué dolor tan grande, dejaste un hueco enorme en mi corazón, tío. ¡Cómo te he llorado! pero sé que me llegará el consuelo y la resignación… que Dios estuvo conmigo y con toda la familia en estos días, pero, pasará un buen tiempo para que el corazón sane y la tristeza se vaya. Pienso en ti y, todo el tiempo creía que de algún lado saldrías, como cuando íbamos a verte y corríamos a abrazarte. Se nota tu ausencia en el Noviciado, algo se sentía en el ambiente, se percibía la falta de alguien, hasta los pavos reales se despidieron de ti cuando llegaron para llevarte, pero le pido a Nuestro Señor que consuele mi corazón y me dé fortaleza. Son sentimientos encontrados, de felicidad, porque estás con Dios y, de tristeza enorme, porque no volveré a verte físicamente. Que el Señor te reciba con los brazos abiertos y, a nosotros, especialmente a mí, me dé fortaleza por tu ausencia. Te quiero tíoooo !!!  ROSALBA RÍOS, sobrina. 

Testimonio de una persona que lo trató tiempo atrás: Fue un gran hombre. Me preparó y me acompañó en mi Primera Comunión, en Cd Obregón, Sonora, en los años sesentas.  Un abrazo.

Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas